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Una vez una persona andaba buscando al Señor. Le habían comentado de una invitación que hacía a todos para llegar hasta su Reino, donde dicen que tenía reservada una morada para cada uno de sus amigos, y él también tenía ganas de ser amigo del Señor. ¿Por qué no? Si otros lo habían logrado, ¿qué le impedía a él llegar a ser uno de ellos? Averiguando acerca del paradero, se enteró de que el Señor se había ido monte adentro con un hacha, a fin de preparar para cada uno de sus amigos, lo que necesitaría para el viaje y se largó a campearlo. Los golpes del hacha lo fueron guiando hasta una isleta. Atravesó el bosque tratando de acercarse al lugar de donde provenían los golpes. Al fin llegó y se encontró con el mismísimo Señor que estaba preparando las cruces para cada uno de sus amigos, antes de partir hacia su casa, a fin de disponer un lugar para cada uno.
-¿Qué estás haciendo? -le preguntó el joven al Señor. -Estoy preparando a cada uno de mis amigos la cruz con la que tendrán que cargar para seguirme y así poder entrar en mi Reino.
-¿Puedo ser yo también uno de tus amigos? -volvió a preguntar el muchacho-
-¡Claro que sí! -le dijo Jesús-. Es lo que estaba esperando que me pidieras. Si quieres serlo de verdad, tendrás que tomar también tu cruz y seguir mis huellas. Porque yo tengo que adelantarme para ir a prepararles un lugar.
-¿Cuál es mi cruz, Señor? -Esta que acabo de hacer. Sabiendo que venías y viendo que los obstáculos no te detenían, me puse a preparártela especialmente y con cariño para ti.
La verdad que muy, muy preparada no estaba. Se trataba prácticamente de dos troncos cortados a hacha, sin ningún tipo de terminación ni arreglos. Las ramas de los troncos habían sido cortadas de abajo hacia arriba, por lo que sobresalían pedazos por todas partes. Era una cruz de madera dura, bastante pesada, y sobre todo muy mal terminada. El joven al verla pensó que el Señor no se había esmerado demasiado en preparársela. Pero como quería realmente entrar en el Reino, se decidió a cargarla sobre sus hombros, comenzando el largo camino, con la mirada en las huellas del Maestro. Y cargó la incómoda cruz. Hizo también su aparición el diablo, es su costumbre hacerse presente en estas ocasiones, y en aquella circunstancia no fue diferente, porque donde anda Dios, acude el diablo.
Desde atrás le pegó el grito al joven que ya se había puesto en camino.
-¡Olvidaste algo! Extrañado por aquella llamada, miró hacia atrás y vio al diablo muy comedido, que se acercaba sonriente con el hacha en la mano para entregársela.
-Pero ¿cómo? ¿También tengo que llevarme el hacha? - preguntó molesto el muchacho.
-No sé -dijo el diablo haciéndose el inocente. Pero creo es conveniente que te la lleves por lo que pueda pasar en el camino. Por lo demás, sería una lástima dejar abandonada un hacha tan linda.
La propuesta le pareció tan razonable, que sin pensar demasiado, tomó el hacha y reanudó su camino. Duro camino, por varias cosas. Primero, y sobre todo, por la soledad. Él creía que lo haría con la visible compañía del Maestro. Pero resulta que se había ido, dejando sólo sus huellas.

Siempre la cruz encierra la soledad, y a veces la ausencia que más duele en este camino es la de no sentir a Dios a nuestro lado. Algo así como si nos hubiera abandonado.
El camino también era duro por otros motivos. En realidad no había camino. Simplemente eran huellas por el monte. Hacía frío en aquel invierno y la cruz era pesada. Sobre todo, era molesta por su falta de terminación. Parecía como que las salientes se empeñaran en engancharse por todas partes a fin de retenerlo. Y se le incrustaban en la piel para hacerle más doloroso el camino.
Una noche particularmente fría y llena de soledad, se detuvo a descansar en un descampado.
Depositó la cruz en el suelo, a la vez que tomó conciencia de la utilidad que podría brindarle el hacha. Quizá el Maligno -que lo seguía a escondidas- ayudó un poco arrimándole la idea mediante el brillo del instrumento.
Lo cierto es que el joven se puso a arreglar la cruz. Con calma y despacito le fue quitando los nudos que más le molestaban, suprimiendo aquellos muñones de ramas mal cortadas, que tantos disgustos le estaban proporcionando en el camino. Y consiguió dos cosas.
Primero, mejorar el madero. Y segundo, se agenció de un montoncito de leña que le vino como mandado a pedir para prepararse una hoguera con el que calentar sus manos ateridas. Y así esa noche durmió tranquilo.
A la mañana siguiente reanudó su camino. Y noche a noche su cruz fue mejorada, pulida por el trabajo que en ella iba realizando.
Mientras su cruz mejoraba y se hacía más llevadera, conseguía también tener la madera necesaria para hacer fuego cada noche.
Casi se sintió agradecido al demonio porque le había hecho traerse el hacha consigo.
Después de todo había sido una suerte contar con aquel instrumento que le permitía el trabajo sobre su cruz.
Estaba satisfecho con la tarea, y hasta sentía un pequeño orgullo por su obra de arte. La cruz tenía ahora un tamaño razonable y un peso mucho menor. Bien pulida, brillaba a los rayos del sol, y casi no molestaba al cargarla sobre sus hombros. Achicándola un poco más, llegaría finalmente a poder levantarla con una sola mano como un estandarte para así identificarse ante los demás como seguidor del crucificado. Y si le daban tiempo, podría llegar a acondicionarla hasta tal punto que llegaría al Reino con la cruz colgada de una cadenita al cuello como un adorno sobre su pecho, para alegría de Dios y testimonio ante los demás.
Y de este modo consiguió su meta, es decir, sus metas. Porque para cuando llegó a las murallas del Reino, se dio cuenta de que gracias a su trabajo, estaba descansado y además podía presentar una cruz muy bonita, que ciertamente quedaría como recuerdo en la Casa del Padre. Pero no todo fue tan sencillo. Resulta que la puerta de entrada al Reino estaba colocada en lo alto de la muralla. Se trataba de una puerta estrecha, abierta casi como ventana a una altura imposible de alcanzar.
Llamó a gritos, anunciando su llegada. Y desde lo alto se le apareció el Señor invitándolo a entar.
-Pero, ¿cómo, Señor? No puedo. La puerta está demasiado alta y no la alcanzo.
-Apoya la cruz contra la muralla y luego trepa por ella utilizándola como escalera -le respondió Jesús-. Yo te dejé a propósito los nudos para que te sirviera. Además tiene el tamaño justo para que puedas llegar hasta la entrada.
En ese momento el joven se dio cuenta de que realmente la cruz recibida había tenido sentido y que de verdad el Señor la había preparado bien. Sin embargo, ya era tarde. Su pequeña cruz, pulida, y recortada, le parecía ahora un juguete inútil.
Era muy bonita pero no le servía para entrar. El diablo, astuto como siempre, había resultado mal consejero y peor amigo.
Pero, el Señor, es bondadoso y compasivo. No podía ignorar la buena voluntad del muchacho y su generosidad en querer seguirlo. Por eso le dio un consejo y otra oportunidad.
-Vuelve sobre tus pasos. Seguramente en el camino encontrarás a alguno que ya no puede más, y ha quedado aplastado bajo su cruz. Ayúdale tú a traerla. De esta manera tú le posibilitarás que logre hacer su camino y llegue. Y él te ayudará a ti, a que puedas entrar.....

Hubo un tiempo en el que en una isla muy pequeña, confundida con el paraíso, habitaban los sentimientos como habitamos hoy en la tierra. En esta isla vivían en armonía el Amor, la tristeza, y todos los otros sentimientos. Un día en uno de esos que la naturaleza parece estar de malas, el amor se despertó aterrorizado sintiendo que su isla estaba siendo inundada.

Pero se olvidó rápido del miedo y cuidó de que todos los sentimientos se salvaran. Todos corrieron y tomaron sus barcos y corrieron, y subieron a una montaña bien alta, donde podrían ver la isla siendo inundada pero sin que corriesen peligro.

Sólo el amor no se apresuró, el amor nunca se apresura. Él quería quedarse un poquito más en su isla, pero cuando se estaba casi ahogando el amor se acordó de que no debía morir. Entonces corrió en dirección a los barcos que partieron y gritó en busca de auxilio.

La Riqueza, oyendo su grito, trató luego de responder que no podría llevarlo ya que con el oro y con la plata que cargaba temía que su barco se hundiera.

Pasó entonces la Vanidad que también dijo que no podría ayudarlo, una vez que el amor se hubiese ensuciado ayudando a los otros, ella, la Vanidad, no soportaba la suciedad.

Por detrás de la Vanidad venía la Tristeza que se sentía tan profunda que no quería estar acompañada por nadie.
Paso también la Alegría, pero esta tan alegre estaba que no oyó la suplica del amor.

Sin esperanza el Amor se sentó sobre la última piedra que todavía se veía sobre la superficie del agua y comenzó a menguar.

Su llanto fue tan triste que llamó la atención de un anciano que pasaba con su barco. El viejito tomó al Amor en sus brazos y lo llevó hacia la montaña más alta, junto con los otros sentimientos.

Recuperándose, el amor le preguntó a la Sabiduría quién era el viejito que lo ayudo... a lo que ésta respondió..... "El Tiempo"..... el Amor cuestionó: ..."¿Por qué solo el Tiempo pudo traerme aquí?".... La Sabiduría entonces respondió:

"Por que sólo el Tiempo tiene la capacidad de ayudar al Amor a llegar a los lugares más difíciles"...

Un grupo de vendedores fue a una convención de ventas. Todos le habían prometido a sus esposas que llegarían a tiempo para cenar el viernes por la noche.

Sin embargo, la convención terminó un poco tarde, y llegaron retrasados
Al aeropuerto. Entraron todos con sus boletos y portafolios, corriendo por los pasillos.

De repente, y sin quererlo, uno de los vendedores tropezó con una mesa que tenía una canasta de manzanas. Las manzanas salieron volando por todas partes. Sin detenerse, ni voltear para atrás, los vendedores siguieron corriendo, y apenas alcanzaron a subirse al avión.

Todos menos uno. Éste se detuvo, respiró hondo, y experimentó un sentimiento de compasión por la dueña del puesto de manzanas. Le dijo a sus amigos que siguieran sin él y le pidió a uno de ellos que al llegar llamara a su esposa y le explicara que iba a llegar en un vuelo más tarde.
Luego se regresó a la terminal y se encontró con todas las manzanas tiradas por el suelo. Su sorpresa fue enorme, al darse cuenta de que la dueña del puesto era una niña ciega. La encontró llorando, con enormes lágrimas corriendo por sus mejillas.

Tanteaba el piso, tratando, en vano, de recoger las manzanas, mientras la multitud pasaba, vertiginosa, sin detenerse; sin importarle su desdicha. El hombre se arrodilló con ella, juntó las manzanas, las metió a la canasta y le ayudó a montar el puesto nuevamente.

Mientras lo hacía, se dio cuenta de que muchas se habían golpeado y estaban magulladas. Las tomó y las puso en otra canasta. Cuando terminó, sacó su cartera y le dijo a la niña: "Toma, por favor, estos cien pesos por el daño que hicimos. ¿Estás bien?"
Ella, llorando, asintió con la cabeza. El continuó, diciéndole, "Espero no haber arruinado tu día".

Conforme el vendedor empezó a alejarse, la niña le gritó: "Señor...".
Él se detuvo y volteó a mirar esos ojos ciegos. Ella continuó: "¿Es usted Jesús...?"

Él se paró en seco y dio varias vueltas, antes de dirigirse a abordar
otro vuelo, con esa pregunta quemándole y vibrando en su alma:


"¿Es usted Jesús?”

He aquí un hombre que nació en una aldea insignificante.
Creció en una villa oscura. Trabajó hasta los 30 años en una carpintería.
Durante tres años fue predicador ambulante.
Nunca escribió un libro.
Nunca tuvo un puesto de importancia.
No formó una familia.
No fue a la universidad.
Nunca puso sus pies en lo que consideraríamos una gran ciudad.
Nunca viajó a más de trescientos kilómetros de su ciudad natal.
No hizo ninguna de las cosas que generalmente acompañan a los grandes.
No tuvo más credenciales que su propia persona.
La opinión popular se puso en contra suya.
Sus amigos huyeron. Uno de ellos lo traicionó.
Fue entregado a sus enemigos.
Tuvo que soportar la farsa de un proceso judicial.
Lo asesinaron clavándolo en una cruz, entre dos ladrones.
Mientras agonizaba, los encargados de su ejecución se disputaron la única cosa que fue de su propiedad: una túnica.
Lo sepultaron en una tumba prestada por la compasión de un amigo.
Según las normas sociales, su vida fue un fracaso total.
Han pasado casi veinte siglos y hoy Él es la pieza central en el ajedrez de la historia humana.
No es exagerado decir que todos los ejércitos que han marchado, todas las armadas que se han construido, todos los parlamentos que han sesionado y todos los reyes y autoridades que han gobernado, puestos juntos, no han afectado tan poderosamente la existencia del ser humano sobre la tierra como la vida sencilla de Jesús.
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El reino de los cielos se parece a dos hermanos que vivían felices y contentos hasta que recibieron la llamada de Dios para que fueran sus discípulos...

El de más edad respondió con generosidad a la llamada, aunque tuvo que ver como se desgarraba su corazón al separarse de la familia..., y de la muchacha a la que amaba y con la que soñaba casarse... Pero al fin se marchó a un país lejano donde gastó su propia vida al servicio de los más pobres de entre los pobres.

Se desató en aquél país una persecución, fue detenido, falsamente acusado, torturado y condenado a muerte...

Y el Señor le dijo: "Muy bien, siervo fiel y cumplidor, me has servido por el valor de mil talentos, voy a recompensarte con mil millones de talentos... ¡Pasa al banquete de tu Señor!

La respuesta del más joven fue mucho menos generosa... Decidió ignorar la llamada, seguir su camino y casarse con la muchacha a la que amaba.

Disfrutó de un feliz matrimonio, le fue bien en los negocios y llegó a ser rico y prospero...

De vez en cuando daba limosna a algún mendigo y se mostraba bondadoso con su mujer y sus hijos. También de vez en cuando, enviaba una pequeña suma de dinero a su hermano mayor que se hallaba en un remoto país y le ponía una nota en la que decía: "Tal vez con esto puedas ayudar mejor a esos pobres diablos!..."

Y cuando le llegó la hora, el Señor le dijo: "Muy bien, siervo fiel y cumplidor. Me has servido por el valor de diez talentos... Voy a recompensarte con mil millones de talentos... ¡Entra al banquete de tu Señor!"...

El hermano mayor se sorprendió al oir que su hermano iba a recibir la misma recompensa que él..., pero se alegró sobremanera y dijo: "Señor, aún sabiendo esto..., si tuviera que nacer de nuevo y volver a vivir, haría exactamente lo mismo que he hecho".




Érase una vez, en la cumbre de una montaña, tres pequeños árboles amigos que soñaban en grande sobre lo que el futuro deparaba para ellos.

El primer arbolito miró hacia las estrellas y dijo: "Yo quiero guardar tesoros. Quiero estar repleto de oro y ser llenado de piedras preciosas. Yo seré el baúl de tesoros mas hermoso del mundo".

El segundo arbolito observó un pequeño arroyo en sus camino hacia el mar y dijo: "Yo quiero viajar a través de mares inmensos y llevar a reyes poderosos sobre mi. Yo seré el barco mas importante del mundo".

Si alguien te busca con frío…es porque tienes abrigo.

Si alguien te busca con alegría…es porque tienes una sonrisa.

Si alguien te busca con lágrimas…es porque das consuelo.

Si alguien te busca con versos….es porque tienes música.

Si alguien te busca con dolor….es porque tienes el remedio.

Si alguien te busca con palabras..es porque sabes escuchar.

Si alguien te busca con hambre…..es porque tienes con que alimentar.

Si alguien te busca con besos….es porque tienes miel.

Si alguien te busca con dudas..es porque sabes el camino.

Si alguien te busca con orquesta…es porque tienes la fiesta.

Si alguien te busca con fantasías..es porque tienes la realidad.

Si alguien te busca con desespero..es porque tienes serenidad.

SI alguien te busca con entusiasmo..es porque tienes fe.

Si alguien te busca con secretos…es porque inspiras confianza.

Si alguien te busca con sed..es porque tienes agua.

Si alguien te busca con miedo….es porque tienes amor.

Si alguien te pide oración…es porque tienes a Dios.

Nada llega por casualidad…..pero si por causalidad.

Quédate conmigo, no temas; quien buscare mi vida, buscará también la tuya; pues conmigo estarás a salvo. 1 Samuel 22:23

Enviado por el Autor: Luis Ramos
De su Libro Cuentos Urgentes
« LA IMPORTANCIA DE PERMITIRNOS… EXPRESARNOS
 
Jesús te ama tanto que daría de nuevo su vida por ti. Vales tanto como la sangre de Cristo, que El entregó para salvarte. Eres la persona más importante del mundo para El. A nadie ama más que a ti. Te ama con todo su amor infinito. ¿Por qué no le pides prestados sus ojos para que veas todo desde su punto de vista? No te veas con tus propios ojos. No te devalúes a ti misma. No te vendas fácilmente, mintiendo o halagando para obtener la estima de los demás. No lo necesitas. Dios te ama así como eres en este preciso momento. Te ama infinitamente, porque eres su hija, a pesar de tu pasado, y seguirá amándote eternamente. Nunca dudes de su amor. Tu vida es muy importante para Dios. Para El no hay vidas menos importantes. Nada es pequeño a sus ojos.

Por eso, el no valorarte debidamente, le duele en lo más profundo. Es como dudar de su amor por ti. El te ama como eres, alta o baja, guapa o fea. El te ha hecho a su gusto. ¿Por qué te rechazas a veces a ti misma? ¿No te gustas? ¿No eres perfecta? Tampoco Dios quiere que lo seas ni lo necesitas para cumplir bien tu misión. ¿Tienes envidia de quienes tienen más cualidades que tú? Ellos deben cumplir su misión y tú la tuya. Lo importante es que tú cumplas bien esa misión que Dios te a encomendado.

Tu vida es una aventura fascinante y misteriosa, tras la que están millones y millones de años de Dios. Desde toda la eternidad, cuando todavía no existía nada de lo que se ha hecho, Dios pensó en ti y te amó y “soñó” contigo (Jer 31,3). ¿Cómo serán los “sueños” de Dios? Soñó en hacerte santa y te encomendó una misión universal. Desde el mismo día de tu concepción, en el que creó tu alma con un acto de infinito amor por ti, desde ese día sigue derramando su amor sobre tu vida y sigue esperando con ilusión tu respuesta a sus planes divinos.

Jesús pensó en ti, cuando estaba clavado en la cruz y derramó toda su sangre por ti. Sí, por ti. No lo dudes. El te ha perdonado. No estés continuamente, lamentándote por tu pasado. Vive en plenitud el presente. Acéptate como eres, Dios no hace basura. Dios te ha creado con infinito amor y te ha formado con infinito cariño. Tú eres muy preciosa a sus ojos (ls 43,4). Te ha llamado con especial predilección. No lo defraudes con tus egoísmos. No te sientas indigna de tanto amor. El desea lo mejor para ti y quiere tu felicidad.

¿Has pensado alguna vez en tu gran dignidad como hija de Dios, esposa de Jesús, princesa del cielo? El Padre de Jesús es tu padre. La Madre de Jesús es tu madre. Todos los santos y ángeles son tus hermanos. Tú perteneces a la gran familia de Dios. Vive de acuerdo a tu gran dignidad. Vive con sinceridad, con claridad, con transparencia. Sé auténtica. Nunca mientas ni engañes. No trates de imitar a otros. Tú no eres fotocopia. Tú eres una persona única en el mundo. Desde que existe el mundo, nunca ha existido ni existirá otra persona exactamente como tú. Tú eres algo distinto y especial para Dios. El tiene un plan diferente para ti, un plan único y maravilloso, que nadie más que tú podrá realizar. ¿Dejarás que en el mundo haya un vacío de amor por no cumplir fielmente el plan de Dios sobre ti? No traiciones sus planes, perderías tu propia felicidad. Y ¡cuántas almas podrían condenarse eternamente por tu infidelidad y tu falta de generosidad! Tu vida es demasiado valiosa para Dios. Dile SI a todo lo que te pida. No le niegues nada. Y no olvides que, decirle SI, es cumplir su voluntad, es morir a tus propios planes para vivir de acuerdo al plan de Dios.

No te preocupes demasiado de lo que piensan los demás. Piensa, más bien, en lo que Dios espera de ti. Desarrolla tus talentos, estudia, supérate, corrige tus defectos. No te lamentes de ser o de tener menos que los otros. No hagas comparaciones inútiles. Tú eres diferente. Y, cuando al verte llena de defectos, sientas que tu ánimo se te cae por tierra, levántate. Dios todavía no ha terminado contigo. Déjate cambiar por El. Estás en proceso de maduración. Estás en camino a la santidad. No te detengas y síguelo, aunque sea por el camino de la cruz.

Aprecia y disfruta de las pequeñas cosas de la vida para ser feliz. No necesitas cosas caras o lujosas para tener alegría y paz. Vive el presente con seriedad y responsabilidad. Haz bien todo lo que haces. Admira la belleza de la naturaleza. Disfruta del perfume y belleza de las flores, de una hoja de hierba, del rumor del riachuelo, del canto de los pájaros. ¡Hay tantas cosas lindas que tu Padre ha creado para que seas feliz! Sólo por ti crearía de nuevo el Universo. ¿No lo crees? ¿Tan poco crees que vales para Dios?.

No sientas complejo de inferioridad. No te devalúes. No ocultes tus talentos. Desarrolla tus cualidades. Haz de tu corazón un cielo, donde viva a gusto Jesús. Haz de tu vida una fuente inagotable de amor, donde puedan saciar su sed de Dios tantos hermanos tuyos que te necesitan. Dios te ama, no lo olvides. El cuenta contigo para salvar al mundo.


Una noche tuve un sueño... soñé que estaba caminando por la playa con el Señor y, a través del cielo, pasaban escenas de mi vida.

Por cada escena que pasaba, percibí que quedaban dos pares de pisadas en la arena: unas eran las mías y las otras del Señor.

Cuando la última escena pasó delante nuestro, miré hacia atrás, hacia las pisadas en la arena y noté que muchas veces en el camino de mi vida quedaban sólo un par de pisadas en la arena.

Noté también que eso sucedía en los momentos más difíciles de mi vida. Eso realmente me perturbó y pregunté entonces al Señor: "Señor, Tu me dijiste, cuando resolví seguirte, que andarías conmigo, a lo largo del camino, pero durante los peores momentos de mi vida, había en la arena sólo un par de pisadas. No comprendo porque Tu me dejaste en las horas en que yo más te necesitaba".

Entonces, El, clavando en mi su mirada infinita me contestó: "Mi querido hijo. Yo te he amado y jamás te abandonaría en los momentos más difíciles. Cuando viste en la arena sólo un par de pisadas fue justamente allí donde te cargué en mis brazos".




Querido(a):

No, no te asustes por que te escriba esta carta. No me tengas miedo. No ha llegado tu hora. Pero me preocupa que pasa tu vida y aún no me conoces. Quiero que entres en mi amor antes de que sea ya tarde. ¿Por que no me dejas llegar a tu corazón?

Cuando te levantabas esta mañana, te miraba con ternura y esperaba que me hablaras aunque fuera unas palabras, pero estabas muy ocupado arreglándote para el trabajo y pensando en tus asuntos. Seguí esperando mientras corrías camino al trabajo.

¿No te fijaste qué esplendoroso fue el amanecer que hice para ti? ¿Es que andabas mal humorado por las demoras del tráfico?. Por eso quise alegrarte con el trinar de miles de pájaros, esperando que así vieras más allá, la grandeza de mi amor. Pero era inútil. Estabas absorto en las noticias de la radio. No te diste cuenta de nada.

Esperé pacientemente todo el día. Cuantos momentos quise tocar tu corazón. Te envié personas con sonrisas en sus labios. ¿Recuerdas aquel niño tan simpático y travieso que tropezó contigo en la calle?. Lo puse en tu camino para hacerte pensar que eres tu también un niño en manos de tu Padre Celestial. Pero, con todos tus planes y preocupaciones, aquello te pareció una molestia.

De regreso a casa vi tu cansancio y quise refrescarte un poco con una suave brisa. Mas tarde apagué el resplandor del cielo creando un maravilloso espectáculo de colores celestes. Aquella puesta de sol era para ti. Pensé que te recordaría cuanto te quiero...

Deseaba tanto que me hablaras... aún quedaba tiempo. Pero encendiste el televisor... así que espere pacientemente mientras pasabas de programa en programa tratando de relajarte y pasar el tiempo.

Al cenar pensé que recordarías que todo procede de mi amor por ti, pero nuevamente te olvidaste de hablar conmigo.

En la noche no te dejé a oscuras, sino que hice salir una hermosa luna y millares de estrellas, pero no levantaste la cabeza.

A la hora de dormir acompañé tu sueño con las suaves melodías de mis animales nocturnos, pero no te diste cuenta de que siempre estoy a tu lado.

TE AMO tanto que espero todos los días por una oración tuya. ¿Cuándo será que te des cuenta? Será algún paisaje hermoso, una mano amiga, o quizás una enfermedad o alguna desgracia que te haga pensar en mi amor que nunca falla...

Bueno, te estas levantando de nuevo, y otra vez esperaré a que me dediques un poco de tiempo para que conozcas mi corazón lleno de amor por ti. Si supieras cuánto te amo y cuánto deseo tu amor....

Tu amigo, Jesús.

"El amor compasivo de Cristo es lo que nos da la libertad y la felicidad verdaderas."

Mundo Digital

"Una pastoral en el mundo digital debe tener en cuenta también a quienes no creen, pero llevan en el corazón los deseos de absoluto y de verdades perennes... El profeta Isaías llegó a imaginar una casa de oración para todos los pueblos, quizá sea posible abrir en la red un espacio como el "Patio de los Gentiles" del Templo de Jerusalén también a aquéllos para quienes Dios sigue siendo desconocido"